
Hasta ahora este blog era solo galeria de imágenes. Por primera vez publicaré aquí uno de mis escritos.
Es el primer capítulo de una historia corta basada en una canción de Los Beatles.
Capítulo 1
Koo koo kachoo
“Y en el final,
el amor que tomas,
es igual al amor
que haces”.
The Beatles. In the End
Londres, 1962
El detective caminó por el largo y oscuro pasillo hacia la puerta iluminada que se hallaba al final.
La escasa luz que se colaba por debajo de la rendija hacía perceptibles numerosos objetos que estaban regados por el piso.
Una vez que llegó a la puerta se encontró en la habitación con forma de cúpula, con una mesa larga en medio y sentados a ella, los cuatro personajes con quienes se había entrevistado previamente.
Los cuatro vestidos de traje y corbata, cada uno con una máscara diferente.
El de la máscara de morsa lo saludó primero.
—Buenos días.
—Buenas tardes —corrigió—, yo soy el detective Pilchard.
—Yo soy la Morsa —dijo.
—Koo koo kachoo —bromeó.
La Morsa no emitió ningún otro sonido.
En el lapso que se produjo el silencio incómodo colocó sobre la mesa el rollo de pergaminos que traía dentro del abrigo.
Los cuatro seres se aproximaron e intercambiaron miradas detrás de sus máscaras de animales.
—¿Cómo encontró estos documentos señor detective? —preguntó el de la máscara de hipopótamo.
—Tuve que escalar la torre Eiffel —respondió, resintiendo que cada vez que trataba de dar una explicación en aquella sala decía algo absolutamente ridículo.
—Excelente —añadió el de la máscara de pájaro.
El de la máscara de conejo se reclinó sobre su sillón de brazos y cruzó los dedos como una parodia absurda de un gángster de los años veinte.
—¿Tiene idea señor Pilchard de lo que representa esta investigación?
—Yo espero que no haya involucrado violencia en contra de nadie.
—Hombre, debió haberlos visto pateando a Edgar Allan Poe.
El de la máscara de morsa tomó la palabra nuevamente.
—Todo esto —aclaró la garganta y prosiguió con un marcado acento británico— involucra personas especiales de todo el mundo. Personas que morirán o que vivirán, no lo sabemos específicamente. Sin embargo ha sido muy precavido al no comentar nada de esto a sus superiores.
—Soy independiente —corrigió— no tengo superiores.
—Todos tenemos superiores —añadió el de la máscara de pájaro.
—¿Incluso ustedes?
—Nada de preguntas señor Pilchard.
—Solo una, si me permite señor Morsa: ¿dónde está mi pago?
Luego sintió cómo lo atenazaban por la espalda y el frío del cañón de beretta en la sien.
—Así que todo concluye así para ustedes.
—Precisamente, pequeño policía de ciudad.
—Una última pregunta o será la primera si llega a contestar, señor Morsa: ¿quiénes son ustedes?
—¿No prefiere saber quién lo va a matar, señor Pilchard?
—El pingüino elemental que me sigue desde París —dijo el detective—, ¿asumo correctamente, señor Morsa?
—Estupendo —arguyó el de la máscara de pájaro.
—Decidimos bien que sea usted quien realice esta misión, señor Pilchard.
—¿Y bien? —gimió Pilchard.
—Yo soy él, y usted es él y como usted es nosotros, todos estamos juntos.
—No podrán encubrirlo —jadeó Pilchard— hay pruebas, rastros. Todo está sucio como su máscara de morsa, señor Morsa.
El pingüino elemental lo noqueó con el mango del revólver.
—Mátalo, desaparece el cuerpo, quítale algo y tíralo en el pasadizo como siempre.
—¿Cómo lo encubrirán? —preguntó el pingüino.
—Como siempre —rieron los cuatro.
—Haremos burla de ello.
—Una canción tal vez.
—Koo koo kachoo —recitó el señor Morsa— me gusta cómo suena.
—Creo que es algo que Paul Simon va a usar en una canción, algo sobre un chiquillo que se enamora de una mujer mayor.
—Él también está implicado, ¿sabes? —dijo el de la máscara de conejo.
—Podemos cambiarla un poco.
—Nos encargaremos de eso.
El pingüino cerró la puerta de la habitación.
Un disparo sonó en el exterior.
Y luego nada.
Koo koo kachoo.
****
Años más tarde alguien torturaba al pingüino elemental tratando de sonsacar alguna respuesta.
—La canción, la canción —repetía sin cesar el pingüino.
Pero nadie sabía de qué estaba hablando.